El bitcoin es una moneda digital. Aunque esto puede parecer una innovación, la realidad es que la mayoría de las monedas convencionales hoy en día son cuasi-digitales: los euros, los dólares, etc. son monedas digitales de facto, ya que los economistas estiman que sólo el 8% de la moneda mundial existe realmente en efectivo. Los bancos centrales de cada país fabrican nueva moneda digitalmente sin necesidad de que tenga que ser impresa, en forma de préstamos con las bancas comerciales que hay en cada país. De hecho, algunos países escandinavos están tomando algunas medidas para eliminar todo el dinero en efectivo a medio plazo. Por lo tanto, el hecho de que bitcoin es una moneda digital no es una característica que la hace diferente a otras monedas convencionales.

La característica innovadora del bitcoin es que es el primer tipo de criptomoneda. Esto significa que utiliza algoritmos matemáticos criptográficos para asegurar todas las transacciones, controlar la creación de unidades adicionales de moneda y evitar falsificaciones. El bitcoin es una moneda fiduciaria, es decir que su valor se basa en la confianza que le dan sus usuarios para aceptarlo como medio de pago al igual que ocurre con las monedas emitidas por los bancos centrales de cada país. Mientras que en las monedas convencionales los usuarios confían en estados soberanos para controlar producción de dinero y proporcionar mecanismos para evitar falsificaciones, los usuarios bitcoin confían en un algoritmo criptográfico de clave asimétrica. Este algoritmo se basa en un tipo de matemáticas que permite que una anotación digital sea fácilmente verificable, pero al mismo tiempo prácticamente imposible reproducirla. De esta manera, la moneda puede mantener su valor.

Uno de los grandes misticismos del bitcoin es que no se sabe realmente quién o quienes fueron sus creadores. Los principios técnicos en los que subyace el bitcoin fueron creados por un grupo anónimo conocido con el pseudónimo de Satoshi Nakamoto. Se cree que Nakamoto empezó a trabajar en este proyecto en 2007 después del estallido de la crisis financiera que mermó la confianza que los usuarios tenían con los bancos tradicionales. En enero de 2009, Nakamoto publicó en la red el primer software para operar con bitcoins, así como las primeras unidades de la criptomoneda. También creó un sitio web con el nombre de dominio bitcoin.org y continuó colaborando con otros desarrolladores en el software bitcoin hasta mediados de 2010, entregando el control del repositorio de código fuente, así como varios dominios relacionados a varios miembros prominentes de la comunidad bitcoin finalizando su participación en el proyecto. Hasta poco antes de su ausencia y traspaso, Nakamoto hizo todas las modificaciones del código fuente. Debido al excelente inglés que utilizaba en las comunicaciones y publicaciones, se sospecha que este individuo (o grupo) no es de Japón como su nombre sugiere sino posiblemente de los Estados Unidos o Europa. Su identidad a día de hoy sigue siendo desconocida. Las primeras transacciones iniciales fueron creadas por él en los primeros 10 días acumulando un total de 1 millón de bitcoins. A día de hoy, tienen un valor actual de más de 3 mil millones de dólares. Sin embargo, estas transacciones permanecen sin gastar ya que únicamente se utilizaron unas pocas en la fase inicial con fines puramente de testeo.

La Blockchain es la tecnología en la que subyace el bitcoin. Es una base de datos distribuida (compartida y replicada en múltiples ordenadores) que contiene un libro de anotaciones con todos los movimientos de la divisa agrupados en bloques enlazados de forma que un bloque depende del anterior. Sólo cuando se modifica legítimamente la cadena (mediante el consenso de la mayor parte de los participantes del sistema), todos los ordenadores que forman la Blockchain se sincronizan en cuestión de segundos, haciendo que no tenga impacto si uno de los ordenadores desaparece o es hackeado. Una vez registrado, la información nunca puede ser borrada, lo que permite que exista un registro fiable de todas las transacciones que se han hecho en la historia.

La naturaleza de la Blockchain permite a los usuarios de bitcoins confiar entre ellos y hacer transacciones entre iguales, eliminado la necesidad de intermediarios (es decir bancos comerciales, y también bancos centrales y gobiernos). Esto también trae unos beneficios de seguridad sin precedentes ya que los ataques de hackers que suelen afectar a los grandes intermediarios centralizados como los bancos son prácticamente imposibles de realizar contra una multitud de ordenares distribuidos que conforman la Blockchain. Es decir, un hacker que quisiera hackear un bloque concreto en la Blockchain, no solo tendría que hackear ese bloque específico, sino todos los bloques de proceso que se remontan a toda la historia de esa cadena bloqueada. Y tendrían que hacerlo en la mayoría de participantes en la red, que podrían ser millones, al mismo tiempo.

Posiblemente la característica más interesante del bitcoin es el hecho de que está descentralizada. Esto significa que es producida colectivamente por todo el sistema a una velocidad que se define cuando se crea el sistema y que es conocida públicamente y que va decreciendo con el tiempo llegando a un punto futuro en el que se dejará de crear nueva moneda. Ello implica que al contrario que las monedas convencionales, los gobiernos no pueden producir nueva moneda emulando de esta forma el comportamiento de los metales preciosos.

Todo este sistema es mantenido por una comunidad de partes que no necesitan confiar entre ellas denominadas mineros: miembros del público en general que utilizan sus computadoras para ayudar a validar y sellar las transacciones añadiéndolas al libro de transacciones siguiendo un particular esquema temporal. La seguridad de los libros de contabilidad validados criptográficamente se basa en el supuesto de que la mayoría de los mineros están tratando honestamente de mantener el libro de transacciones, teniendo además incentivos financieros para hacerlo como veremos más adelante.

Una característica muy deseable para que un medio pueda ser empleado como moneda es que sea fácil de verificar, pero difícil de falsificar. Mientras que los mecanismos de protección en monedas físicas se basan en hologramas, billetes multicolores, microimpresiones, marcas de agua y tintas cuyos colores cambian dependiendo del ángulo de la luz, el bitcoin confía en extraños algoritmos matemáticos unidireccionales que permiten verificar fácilmente que una operación matemática es correcta mediante una clave pública, pero no reproducir la operación matemática a menos que se tenga la clave privada.

Los bitcoins al igual que las monedas físicas se pueden perder. Si se pierde la clave privada para acceder a los bitcoins no se pueden recuperar de ninguna forma. Sin embargo, podemos hacer varias copias de seguridad de nuestra clave privada para prevenir dicha pérdida. Los bitcoins al igual que otra moneda también se pueden robar. Esto podría suceder si alguien consiguiera nuestra clave privada.

Los nuevos bitcoins son generados por un proceso competitivo y descentralizado y que se utiliza para premiar a los mineros por sus servicios de sostenimiento del sistema. Cuando más mineros hay más difícil es obtener beneficios de forma que el protocolo asegura que el número de bitcoins que se van a crear en un determinado periodo no depende del número de mineros. Esta es actualmente la forma más común de premiar a los miembros de la comunidad que sostienen el bitcoin. La otra forma es opcional y consiste en cobrar una pequeña tasa en cada transferencia a cambio de priorizar el registro de la transacción en la red. Dado que el número de bitcoins establecido en el protocolo es finito y la tasa de creación de moneda es decreciente con el tiempo, se llegará a un punto en el futuro donde las únicas recompensas serán dichas tasas.

Actualmente el precio de bitcoin es muy volátil y sujeto a unos niveles muy altos de especulación, lo que dificulta su estabilización como divisa de uso corriente, teniendo una tendencia muy alcista a largo plazo. Existen tres tipos principales de condicionantes que tienen impacto en su valor. El primer condicionante son las regulaciones gubernamentales, como son las decisiones de gobiernos para prohibir o fomentar su uso. La decisión de Japón en abril de 2017 para legalizar el uso de bitcoins como medio de pago o la prohibición en China en setiembre de 2016 del uso de las llamadas ICO (ofertas iniciales en criptomonedas) han provocado importantes fluctuaciones de su valor.

Un segundo condicionante es la adopción y el aumento del tamaño del mercado donde se acepta esta moneda. Cuantos más comerciantes aceptan este medio de pago, su valor se incrementa.

Finalmente, un tercer condicionante es el uso en actividades ilegales ya que el bitcoin permite un cierto grado de anonimato. Cuando el FBI clausuró la web The Silk Road, un mercado virtual donde se podían comprar drogas aceptando únicamente bitcoins como medio de pago, provocó una caída del valor de la moneda (aunque fue temporal ya que este mismo hecho hizo aumentar la popularidad de la criptomoneda aumentando posteriormente su precio de forma exponencial).

Un último punto interesante es el hecho de que bitcoin ha abierto la posibilidad de crear criptomonedas centralizadas. Esto significa utilizar la criptografía para garantizar mecanismos de protección contra la falsificación, pero sin embargo la creación de nueva moneda es controlada por un organismo centralizado (es decir un Banco Central) permitiendo a los estados seguir regulando la economía a través de políticas monetarias.

En este caso el mantenimiento del libro de transacciones se realiza en un conjunto de ordenadores supervisados por el banco central en lugar de una red distribuida. En comparación con las criptomonedas descentralizadas, podría proporcionar un mejor control contra las actividades ilegales y la evasión fiscal, pero también menos anonimato. Esto puede inculcar más confianza ya que supervisión de la moneda está asegurada por una autoridad bancaria importante, aunque quede la duda de quién controla a esta autoridad.